Luna: del diagnóstico a una cobranza conciliada con cada contrato
Una desarrolladora inmobiliaria con la cobranza repartida en hojas y personas. Primero un diagnóstico; después, un sistema de cobranza y conciliación; y resultados que se pueden contar.
Una operación repartida en hojas y personas
Luna es una desarrolladora inmobiliaria. Sus ventas, contratos, cobranza, ingresos y egresos vivían repartidos en hojas de cálculo y en la memoria de quienes las llevaban. Cada cierre de mes dependía de conciliar a mano.
Tres etapas, cada una ganada con la anterior
- 01
Diagnóstico
Antes de construir, entendimos la operación: dónde se capturaba cada dato, quién lo validaba y dónde se perdía el control del dinero.
- 02
Sistema de cobranza y conciliación
Un sistema de gestión y cobranza sobre las herramientas que la empresa ya usaba: ingresos, egresos, finanzas y gerencia, con siete roles y cada pago ligado a su contrato.
- 03
Resultados
Cada pago registrado contra el contrato correcto, con recibo y bitácora, y una cartera que se consulta en lugar de reconstruirse cada mes.
449 pagos conciliados con su contrato
De los 449 pagos registrados en el sistema, el 97.6% quedó ligado a su contrato de forma automática. El resto se revisó a mano, con registro de cada corrección.
No publicamos cifras de ahorro: no existe todavía una medición de horas antes y después que podamos sostener. Cuando exista, aparecerá aquí con su fuente.
Diagnóstico primero, solución después
Ninguna etapa se vendió por adelantado: el diagnóstico justificó el sistema, y el sistema se sostiene con una cifra que se puede verificar. Es la misma secuencia que proponemos a cada cliente.
Déjenos escucharlo.
Encontraremos las áreas de oportunidad y le propondremos mejores procesos, automatizaciones o soluciones a la medida.
Déjenos escucharlo.
Encontraremos las áreas de oportunidad y le propondremos mejores procesos, automatizaciones o soluciones a la medida. Son treinta minutos, sin presentación de ventas: sale de la llamada con una lectura concreta de su operación, decida o no trabajar con nosotros. Y si no somos la firma adecuada, se lo decimos ahí mismo.
Treinta minutos, en el horario que le convenga.
En un día hábil.